LA "ARQUERA" DE GREGORIO HERRERO (VIII)

Es necesaria la puesta en valor de la medallística hispana. Y sus artífices. Los grandes medallistas que ha dado nuestro país en el siglo XX, a veces parece que no tengan su continuidad en el XXI. Algunos de los grandes, de hecho, nos han dejado ya en el presente siglo; otros, siguen con su labor y, aún más importante, impartiendo magisterio y haciendo difusión del arte metálico.

Éste es el caso de Gregorio Herrero, nacido en 1955 en la localidad segoviana de Carbonero el Mayor, y cuyo trabajo escultórico sea en formato exento, relieve o medalla, es una muestra de la calidad del arte a nivel nacional.

Basta con observar el modelo de la medalla que realizó en 1981 para la oposición de una pensión en la Academia de Bellas Artes en Roma, y que disfrutó los dos años siguientes.


Con esta "Arquera" -con un protagonismo femenino del que muchos disfrutarían simplemente hoy- nuestro autor materializa una capacidad que ya hemos puesto en valor en otras ocasiones en nuestros archivos medallísticos: la soltura para adaptar el canon humano a la circular y constreñida forma de un cospel.

No es el único caso en que ha resuelto magníficamente dicha dificultad. Unos años después, en una medalla dedicada a su pueblo natal, y con el paradigmático protagonismo de un leñador, consigue una adaptación que mejora incluso la anterior, por cuanto si la arquera podemos describirla como una labor del personaje femenino en potencia, en ésta última la dota de la acción que le falta a la primera. La dificultad aumenta al proporcionar al ahora personaje masculino, el movimiento propio del esfuerzo y talado en pleno bosque.


Así pues, exploremos la medallística hispana; valoremos a nuestros autores... Y pongamos a Gregorio Herrero como ejemplo.

MEDALLA DEL DR. JAIME FERRÁN - F.X. Calicó

Dentro del plan de emisión de medallas de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, del cual nos ocupamos en el número 2 de Numisma, acaba de aparecer la medalla que ilustramos, primera de la reproducción... pp. 51-52

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PRIMER CENTARIO DE LA CARRRERA DE INGENIERO INDUSTRIAL - F.X. Calicó

La Comisión encargada de la conmemoración del primer centario de la carrera de Ingeniero Industrial en España, ha hecho acuñar... p. 49

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MEDALLA DEL FERROCARRIL LÉRIDA-POBLA DE SEGUR

El día 13 de noviembre del pasado año de 1951 se inauguró el trayecto del ferrocarril de Lérida a Pobla de Segur, de la línia que desde aquella... p. 47

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IV CENTARIO DE LA MUERTE DE SAN JUAN DE DIOS - Franco Ramos

Com identica epigrafe divulga urbi et orbi o nº 3 da nossa revista em prosa esclarecida, de don Giulio Berni, a cunhagem em Milao de uma medalha... pp. 39-43

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UNA MEDALLA SUIZA - F.X. Calicó

El Comité de Organización para la celebración del 350 aniversario del hecho conocido por "Escalada", en Ginebra, ha editado la medalla que publicamos.
Dicho Comité encargó...

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IV CENTENARIO DE LA MUERTE DE SAN JUAN DE DIOS - Giulio Berni

Para solemnizar el IV centario de la muerte del gran santo español San Juan de Dios se han celebrado en Italia varios actos conmemorativos. No hay que olvidar que en 1570... pp. 79-80

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MEDALLA DEL BEATO PIO X - Giulio Berni

La Comisión de Postulación de la causa de Beatificación de S.S. Pío X ha ofrecido el Santo Padre tres ejemplares, en oro, plata y bronce... p. 77

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V CENTENARIO DE LEONARDO DA VINCI - Giulio Berni

El pasado 15 de abril se cumplió el V centenario del nacimiento de Leonardo da Vinci, y en todo el mundo se recuerda la memoria de quien, en la historia de la civilización... p. 75

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EL AÑO SANTO DE 1950 EN LAS MEDALLAS - Giulio Berni

BONIFACIO VIII (Bencdicto Caetani, de Anagni, 1291-1303) fué el Pontífice que, confirmando una antigua tradición, inició el grandioso rito cristiano de los Años Jubilares (que desde el de 1475 se llamaron tamhién Años Santos), promulgando el Jubileo de 1300 con la bula Antiquorum hahet firla relatio, del 22 de febrero de 1300, con la cual concedía el perdón total de los pecados a cuantos, confesados, arrepentidos y comulgados, visitaran durante el año, por treinta días si residian en Roma y por quince para los procedentes de otras partes, las Basilicas de los Apóstoles San Pedro y San Pablo. Además, se disponía la celebración de un Año Jubilar cada cien...

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LA BATALLA DE VERDÚN SEGÚN EBERBACH (VII)

En el centenario de la batalla de Verdún, allá por 2016, nos hacíamos eco del reflejo metálico que labró Karl Goetz sobre una batalla tan trascental, como trágica, de la Gran Guerra. Hoy volveremos a ella porque ya entonces recordamos que no fue la única medalla conmemorativa que se realizó en Alemania con esta temática. Fue Walther Eberbach, pintor, escultor y medallista, quien desde una cruda sátira, quiso darle la vuelta a dicha efeméride de guerra.

Eberbach, al contrario que Goetz, ejecutó en hierro unas piezas que, si bien no podían admitir una derrota alemana, sí alertaban del daño ocasionado a los aliados. La historia ha dejado clara que la victoria francesa en Verdún sería un motivo de orgullo para los galos, pero no por ello ocultaría que la muerte de unos 300.000 hombres -mitad y mitad para cada contendiente- pasaría factura al imaginario colectivo de una guerra.

El artista oriundo de Besigheim, en el anverso de su metal describre un esqueleto que, nunca mejor visto como la misma muerte, bombea con su máquina un torbellino de sangre sobre los campos de Francia.


En poco menos de 7 centímetros, con una formas alineadas con el expresionismo metálico -estilizadas, escuetas y frías-, se muestra con toda la crudeza la funesta sátira germana, quienes consiguieron -pesa a la derrota- sangrar a su rival regando así el campo de batalla.

Hasta tal punto llegó la sorna alemana que en el reverso, inscrito en unas ramas sanguinolentas, Eberbach dejó una dedicatoria: "Al general Petain y a las naciones del mundo que lo auxiliaron, 1916". Petain, como es bien sabido, pasó a la historia de la guerra como el orgulloso "Vencedor de Verdún".

FALTABA PISANELLO (VI)

No podían haber unos archivos medallísticos sin mentar a Antonio di Puccio Pisano, Il Pisanello. Y es que si el arte de la medalla empezó a ser un género eminente, fue porque Pisanello llevó este arte al interés de los principales agentes artísticos del momento: los mecenas.

De hecho, la medalla que presentamos ahora, dedicada a Domenico Novello Malatesta, es un ejemplo de ese interés, pero también -y sobre todo- del nivel plástico del pisano.


Realizada en Verona en torno al año 1445 d.C., esta medalla de bronce presenta en el anverso al patrocinador, Domenico, señor de Cesena y Cervia y hermano del famoso Segismondo Pandolfo, mirando hacia la izquierda y vestido con túnica.



En el reverso, el Malatesta se muestra arrodillado ante un Crucificado junto a un camino, justo donde ha atado a su caballo. Posiblemente se hace alusión al voto que hizo el caballero cuando, estando en la batalla de Montoldo (1444), meditó para la realización de un hospital dedicado al Santísimo Crucifijo.

Sea como fuere, el verdadero valor de la medalla recae en cómo consigue unos refinados escorzos sobre algo más de 8 centímetros de metal obrado a la cera perdida. Especial mención, bajo mi punto de vista, es el trato que da a la longitud del equino -algo que trabaja en otras de sus medallas- o la línea oblicua marcada por el propio crucificado, donde el palo menor se pierde hacia el fondo creando un difícil efecto tridimensional.

LOS PREMIOS MARSH A LA MEDALLÍSTICA (6/4/2020)

La promoción del arte de la medalla sigue en efervescencia por toda Europa. Si en España todo son lamentamos a pesar de los grandes e históricos fondos que tenemos, en el resto del mundo procuran seguir cuidando un arte que debe estar donde se merece.

Y ya no hablamos de conferencias, talleres o exposiciones; hablamos de promoción y difusión institucional, bien sea pública o privada -no seamos cortos de miras.

En este contexto, el Premio Marsh como reconocimiento a personas u organizaciones que contribuyen a la comprensión, estima y estimulación del arte de la medalla, sigue siendo un referente. La fundación The Marsh Christian Trust lleva ya nueve años reconociendo a fabricantes, artistas y profesores. Y en este 2020 piensan seguir con la iniciativa.

El último premiado -librado el pasado diciembre- en colaboración -como siempre- con la BAMS, fue Giles Last, del departamento de joyería de la Central Saint Martins, en la Universidad de las Artes de Londres. Otros premiados, en ediciones anteriores, fueron Lucy Willow, Kate Harrison, David Reid, Arnold Nieuwendam, Andrew Griffiths, Howard y Frances Simmons, Bogomil Nikolov y Thomas Fattorini Ltd.

Enhorabuena a todos: premiados y promotores.

EL ARTE CINÉTICO EN LA MEDALLA (V)

La vanguardia medallística no deja de sorprender. Y el escultor húngaro László Szlávics Jr. es uno de los que exprime al máximo las nuevas fascinaciones metálicas.

Veamos que la vida de la medalla actual es tan vibrante, como inconmensurablemente original. Desde las activas British Art Medal Society de Londres (Reino Unido) o el Medallic Sculpture Studio at the National Academy of Arts de Sofia (Bulgaria), pasando por otras como la American Medallic Sculpture Association en Edmonds (Estados Unidos), la Associazione Italiana Arte della Medaglia en Roma (Italia) o sus homólogas en Alemania, Portugal y otros muchos países del mundo, todas han conseguido despertar un interés productivo que ha multiplicado exponencialmente la creatividad y, desde aquí, incrementar las nuevas experiencias medallísticas.

Las muestras y proyectos dedicados a estudiantes de escuelas de arte o universidades, además han contribuido a la promoción del género para que, finalmente, todo ello se haya complementado con el nacimiento de un mercado de cospeles -o piezas/esculturas de pequeño formato- que por su originalidad, exclusividad -puesto que en muchas ocasiones son piezas únicas labradas a mano- y precio asequible, han llevado nuestro arte a una dimensión inédita hasta la fecha.

Hoy pues disfrutamos de las piezas multimedia de Elly Baltus; las desmontables de Bogomil Nikolov; o, como ahora observamos, las interesantes medallas cinéticas de László Szlávics Jr.:




DISCITE IUSTITIAM MONITI (IV)

De las medallas de Leone Leoni para Carlos I de España, sin duda, DISCITE IUSTITIAM MONITI, es una de las de más bella factura.

Leoni fue un reconocido maestro de la medallística, pero en esta obra especialmente se evidencian sus capacidades artísticas. El detalle en los cuerpos de los Titanes sin ir más lejos, donde el estudio muscular es propio de un Renacimiento avanzado; el modo en que se superponen los cuerpos de la zona baja del campo; o como se resuelven los distintos grados de relieve, nos muestran con claridad el nivel al que se llegó en el arte durante el quinientos.



Por otra parte, y fijándonos ahora en la iconografía presentada, vemos como Júpiter y su mitología son los principales protagonistas.

El llamado dios del rayo fue invocado desde antiguo con el epíteto de Elicius –esto es, atraer- porque era el que atraía el rayo del cielo y, sobre todo, el que permitía al hechicero hacerlo descender. La introducción de este culto en occidente se atribuye a Numa, el rey mago, adquiriendo una categoría cada vez más importante en la religión romana tal y como estos desarrollaban y afianzaban en su ciudad la estructuración política.

Durante el Imperio los emperadores gustaron ponerse bajo la protección de Júpiter; los hay que incluso intentaron pasar por encarnación suya. Augusto pretendía tener sueños enviados directamente por el dios y se complacía en contar cómo había sido milagrosamente salvado de un rayo cuando se libraba la guerra en Hispania contra los cántabros. Más tarde, Calígula se apropió del sobrenombre de Júpiter Capitolino, Optimus Maximus, y comunicó su palacio del Palatino con el santuario del dios por medio de un paso directo. Desde entonces en todas las ciudades se construía un Capitolio similar al de Roma para instalar una tríada con Júpiter en el centro, representando el lazo político entre Roma y las ciudades hijas que eran como su imagen reducida.

Ya en la Edad Moderna es frecuente ver a Júpiter amamantando por la cabra Amaltea en ciclos de amor o distintas composiciones alegóricas.

Así pues, si por algo se distingue Júpiter del resto de dioses, es por el uso del rayo, justo lo que exalta, en esta medalla, Leone Leoni.